PEGASO. DIRECTORES! Pablo d«grecla-joai Haría O«lg»íc EL URUGUAY Y LA CULTURA ITALIANA. {CQiitinuación)


Save this PDF as:
 WORD  PNG  TXT  JPG

Tamaño: px
Comenzar la demostración a partir de la página:

Download "PEGASO. DIRECTORES! Pablo d«grecla-joai Haría O«lg»íc EL URUGUAY Y LA CULTURA ITALIANA. {CQiitinuación)"

Transcripción

1 PEGASO REVISTA MENSUAL MONTEVIDEO DIRECTORES! Pablo d«grecla-joai Haría O«lg»íc Octiirc «1921. N.' 40 Aio VI. EL URUGUAY Y LA CULTURA ITALIANA {CQiitinuación) El primero que acude a mi memoria es Ruskin, el gran» esteta inglés, de quien puede decirse con verdad que sus ojos se posaban regocijadamente sobre la hermosura de las cosas, en el éxtasis de una perpetua contemplación. La adolescencia de este pensador extraordinario transcurrió entre los más bellos panoramas de la península. Adoró las piedras de Venecia y paseó gozosamente su alma de arliata, en las mañanas florentinas, deslumhrado por as glorias del arte inmortal. El mismo ha dicho en una de sus páginas más elocuentes, que un estudio hecho -en los jardines de rosas de San Miniato y en la avenida-.de cipreses de la Porta Romana, en Florencia, figura para el entre los recuerdos de los mejores días de su vida. Aguzó su sensibilidad exquisita y vibrante en el contacto con tantas creaciones armoniosas del ingenio del hombre. Qué sugestión educadora ha de emanar ' de la frecuentación asidua de aquellos serenos templos de la belleza, que se abren en Italia, en todas, las oiudades ilustres, a las peregrinaciones de los sedien-. tos de ideal y de perfección! ' Ruskin comprendió como nadie esa sana influencia, y cuando retornó a Inglaterra promovió un movi-

2 146 PEGASO miento de simpatía y de devoción por el arte italiano, afanándose en que sus obras maestras exornasen la National tiallery, que antes de 1845 no poseía sino muy contadas producciones de los exunios pintores peninsulares. Desde aquella feelia, cinco salas vastísimas, consagradas a las escuelas de Siena y de Florencia, con cuadros magistrales de Boticelli, de Lipf», de Pozzoli, de Perugia, de Ghirlandajo, arraigan en el turista el convencimiento de que el apostolado del eminente pensador ha producido todos sus frutos, modificando la sensibilidad j la mentalidad de un gran país que parece psicológicamente organizado sólo para realizar en el mundo sus desmesurados ensueños de dominación material y de absorbente imperialismo! De las neblinosas islas británicas llega también a Italia, en los comienzos del siglo pasado, el atormentado cantar de Don Juan. Proscripto de una sociedad llena de preocupaciones y mojigaterías como la sociedad inglesa de aqnel tiempo, Byron buscó en el generoso país latino un poco más de libertad para sn inteligencia y para su corazón. Amó, sufrió, soñó, produjo en la patria de Petrarca algunas de sus obras dilectas. El cielo azul y la tierra siempre florida se mostraban propicios a las magníficas efusiones de su sensibilidad. Era aquél un hombre extraordinario, un temperamento casi delirante, ávido de emociones BUpremas, y como para satisfacer sus perpetuas inquie- ' tudes y sus dolorosas ansias de acción, llegó a Italia en los mismos momentos en qne este país se diaponía 1 a lanzarse de lleno a la yorágine de Jas agitaciones revolucionarias. "El suelo volcánico de Italia escribe nno de sus biógrafos no era el más a propósito para mantener tranquilo e indiferente a Tin hombre \de ese temple. Hubo el año de 1820, en toda la península, un gran movimiento, de sociedades secretas y de conspiraciones, y Byron no rehusó ni su nombre ni EL URUGUAY Y LA CULTUBA ITALIANA 147 su fortuna, ni su talento ni su persona, para unirse a los que trabajaban en favor de la independencia italiana. Redactó proclamas, compró armas, albergó combatientes en su casa. El esfuerzo abortó, los desastres de 1821 sumieron otra vez al país^ en a iner-j cia y en la miseria, y nadie lo sintió y lamentó más amargamente que él, él que había escrito estas palabras en una de sus cartas privadas: <f no hay sacrificio demasiado grande pata tan grande objeto. Una Italia libre! Pensadlo bien: si eso es la poesía de la política!" En los tercetos de La piofecia de Dante formnló el consejo práctico, el único que la podía salvar: "unios, hace decir al famoso poeta y patriota, unios y los Alpes serán una barrera insuperable." Necesitábase, sin embargo, mucho más de un cuarto de siglo todavía para que el consejo fuese oído y atendido. Por fortuna, en esos infaustos días había ya visto la luz la" generación a que pertenecieron Mazzini, Garibaldi, Azeglio, el conde de Cavour y otros ilustres italianos, admiradores todos, Mazzi- 111 principalmente, del genial creador de "Manfredo". "Una pavorosa tragedia epilogó en Italia también la vida de otro gran poeta británico, enamorado de la luz meridional que baña las armoniosas costas peninsulares, arrulladas por el cántico eterno de las olas y por la eterna música de los vientos, i Conocéis, acaso, la obra melodiosa de ese peregrino del ensueño que se llamó Shelleyl Nadie ha cantado como él el vuelo mágico de la alondra y su serenidad sugestiva, y nadie ha loado mejor y en más admirables estrofas el canto delicioso de aquella avecilla gue precipita SUB salmodias improvisadas' en- largos torrentes de melodía. N "En la púrpura pálida de la tarde exclama el poe- ta se baña í» vuejo; vas a fundirte en ella como la estrella se funde en la claridad del pleno día; pero cuando mis ojos han cesado de verte, oigo fu grito de-

3 * * 148 PB01S0 lirante." Este delicado rimador que amó tan inefablemente a su arte, pereció, a los veintinueve años de su edad, en la dilatada bahía de Spezia. Se le tributaron exequias que tuvieron algo de la solemnidad de los funerales antiguos. Su cuerpo, arrojado a la orilla, fue devorado por,una hoguera, mientras la piedad de algunos amigos transportaba a Boma aquel privilegiado corazón, en el que sólo se albergaban nobles pasiones y puros sentimientos. Sobre el sepnlero que guarda el precioso despojo, se grabó esta inscripción lacónica y expresiva: "Cor cordium": corazón todo cordialidad, todo efusión, todo emocionado amor por las cosas. Algunos años antes, en 1821, otro poeta inglés, John Keats, se había extinguido dulcemente en lo más florido de su juventud, cuando se abre en el alma de los favorecidos por el numen la rosa fragante de los epitalamios, en aquella misma tierra italiana a cuyo regazo había implorado hospitalidad reparadora, huyendo del clima inclemente de su país de nieblas hostiles. De Alemania han llegado también a la Italia maternal y acogedora peregrinos ilustres; sin duda, todos aquellos que han sentido germinar en su alma las depuradoras emociones del arte, del heroísmo y do la belleza. Gcethe la visitó con unción, y puede afirmarse que en el éxtasis de las altas contemplaciones se disolvió, como un copo de nieve bajo un rayo de sol, la olímpica serenidad del gran impasible. "El viaje a Italia" narra las etapas del sublime peregrinaje. Y en las páginas de "Los años de aprendizaje de GuiHermo Meister", el insigne escritor ha dejado el testimonio vivo y tangible de su amor por el bello y claro país meridional. Cuando Linda entona o recita su hmim» inmortal, comprendemos que es a Italia a quien se refiere, porque hay en la deliciosa canción como un aroma inconfundible que no puede ser otro qne esa Bj UBÜQUAT T LA CUIÍTUBA ITALIANA 149 suave fragancia de azahar que embriaga a los que visitan por primera vez ciertas regiones de la privilegiada península: " Conoces el país donde florecen los naranjos? En el follaje sombrío brilla la naranja de oro; dulce brisa sopla del cielo azul; ol mirto discreto, el laurel soberbio, allí se levantan. jlo conoces? Allí es, allí es, joh, mi muy amado, a donde quisiera ir contigo 1 Conoces la casa? Su techo descanba sobre columnas. La sala brilla, la sala resplandece, y las estatuas de mármol se levantan y me miran: qué te han hecho a tí, pobre niña? i las conoces! Allí es, allí es, oh, mi protector, a donde quisiera ir contigo! Conoces la montaña y su sendero brumoso? La muía busca en ella un camino por entre las cumbres; en las cavernas habita la vieja raza de los dragones. La roca se precipita, y por encima de ella el torrente. La conoces! Allí es, allí es, a donde nuestro camino nos conduce; loh, padre mío, partamos!" "Luego que Linda hubo concluido el canto por segunda vez, agrega el novelista, se quedó un momento silenciosa, fijó en Guillermo una mirada profunda y le preguntó: t>conoees tú ese país? 'Presumo que es Italia, respondió él {Df dónde has tomado esa canción? La Italia! repitió Linda, pensativa. Si vas a Italia, llévame contigo: tengo frío aquí." 1?odq el ansia de los que acuden al dichoso país latino en busca de tibieza, de halagos sensuales, de clarida3 y de armonía, está compendiada en osa frase insinuante y como estremecida por el anhelo de los días de sol y de encanto que se desean V que se esperan. _ ' ' Heine, que ful por el mundo prodigando mofas y sarcasmos, que ee burls de s«propia" patria, que ridiculizó a BUS miemos connacionales, en Italia aupo

4 150 PEGASO arrodillarse y adorai.r Niestzche se bañó en la lumbre radiosa de aquelíl cielo único y bendito, antes de que su inteligencia nsaufragara <?n la perenne noche de la locura, y en'cuantito a 'Wagnor, después de haber escrito las notas patéticas de su "Tristán e Isolda", rindió en la legendaria Veneeia de los Dnx, en la que había refugiado sus hondas nostalgias y sus fecunflas melancolías, aqnuella alma poderosa que debe de haber sido saludada < en la eternidad por el retumbar oceánico de los aplaussos de todos los siglos y de todos los pueblos! Francia es la grann hermana latina de Italia Por sobre ciertas desavenceneias históricas y por sobre ciertos enconos tradiricionales, la patria de Rabelais ha sabido honrar a Illa patria del Dante y vincularse a ella" por la inteligeeneia y por el corazón Casi no hay un francés ilusture o preclaro que no haya ido a prosternarse en el ssagrado suelo itálico, frente a las ruinas seculares o as los fascinadores paisajes que deslumhran los ojos ; v que reposan el espíritu Ese culto por Italia es anuterw al romanticismo, porque data de los días lumimoíos de aquel Renacimiento que es como una dilataciónn del espíritu humano y como una encantada primavera de la historia del mundo. Ta hemos visto cómo gustaraba Chateaubriand de la agreste campiña romana Mime Staél, en las apasionantes páginas de su nivelas "Corina",, hace conocer a sus compatriotas las cindñades itálicas y sus bellezas monumentales Los rommüntieos avivan y estimulan esa devoción provechosa. Lamartine descubre en los alrededores de Ñapóles s el perfil delicado de su Graciela. Sthendal se asimildó de tal manera el temperamento italiano, que su turunba, por una humorada del insigne escritor, ostenata sólo este sucinto epitafio: "Enrique Beyle, milawés". Alfredo de Mnsset y Jorge Sand pasean por tóvtos los rincories'de Italia, en mía peregrinación roofn&ncegoa, I» 'ind.iswíta liberad. ñ EL UEUGUAT T LA CULTUBA ITAUANi. 151 de sus corazones, aquella pasión desenfrenada que inspira luego al poeta doliente y desengañado las magníficas elegías de "Las Noches". Edgard Quinet discurre sobre las revoluciones de Italia con una ad miración tan profunda, con una simpatía tan íntima y tan efusiva, que no parece sino que hubiera encon- 'trado en aquel armonioso país la segunda patria de su espíritu Pocos han hablado de Veneeia con tan emocionada ternura como Teófilo Gauthier, en ciertos inolvidables camafeos grabados y trabajados con verdadero celo de artífice. De Hipólito Taine vosotros sabéis que ha fyecho también su viaje a Italia y que lo ha narrado en su bello estilo sanguíneo y pictórico Se ha detenido frente a los frescos gigantes de Miguel Ángel, admirando las atormentadas y ciclópeas figuras del Juicio Final, y frente a las madonas suaves y seráficas de Eafael y de Cimabue. El tiene, sin embargo, la obsesión de los esplendidos panoramas. Su vista discierne con facilidad y prontitud' los más tenues matices de las cosas. Si admira el Coliseo de Boma y la catedral de Milán, busca en su paleta riquísima las tintas' más puras y prestigiosas para describirnos el joyante mar de Ñapóles y su perfecto azul, del cual él mismo dice que es casto y tierno como una prometida v como una virgen. Tschia v Capri, en los bordes del cielo, son blancos en su muelle muselina de vapor, v el azul divino luce dulcemente hasta perderse de vista en esa bordadura nivea. El golfo entero parece un vaso de mármol expresamente redondeado para recibir el mar. Una flor satinada, un ancho iris aterciopelado, de dulces pétalos luminosos, en que el sol se exhibe, y que vienen a distenderse sobré una orla nacarada': he ahí las ideas que «e precipitan en el espíritu y que no bastan, sin embargo, para expresar la inefable impresión que suscita en el viajero aqnel bello espectáculo. Al pie de los peñascos e] agua es verde, como nna esmeralda transparente,

5 152 PEGASO a veces con reflejos de turquesa o de amatista, especie de diamante líquido que cambia de matiz "on todos los accidentes de la profundidad o de la roca, especie de joya abigarrada y movediza que encuadra!a abierta flor divina. (Concluirá). FRANCISCO ALBEBTO SCHINCA. GINETTE Flor de leyenda, flor triste como ninguna Para ornar los cabellos centenarios del Rhin; La sirena melódica viste un manto de luna Y en sus ojos se espeja el lago de Globin, Céfiro cu dulce cálamo interpone su cuita; Hay cien siglos dormidos en el vasto canal... Ün esquife, entre perlas, boga y en la, infinita Lámina aznl, Colonia y^rgue su catedral. Entre músicas suaves y espejismos de oriente, Pasajera sonámbula de la noche al amor, Qinette sobre las aguas inclina dulcemente Sus pupilas de estrella y su busto de flot. Por qué sus ojos muestian visible desvarío? Bada Misterio' le hace señas desde el azul O el enigma que acecha en el fondo del»ío Le ofrece los encantos de su alcoba de tulf Idilio?... Cüa acaso de un amor sin comienzo? Ti es puntos suspensivos en el folio de ayer... El imposible esbozo sobre el dwino lienzo O el éxtasis soñado que no pudo nacerf Rige la hnia el vuelo de su blanca cuadriga Sobre el sendero de astros del celeste jardíti Y oración elegiaca o emocional cantiga 'El ruiseñor arranca a su antiguo violín. DB OOTOU.

6 I i CBUZ DEL SUDO 155 LAS NUEVAS LITERATURAS HUGO MAYO Es Hago Mayo uno de los representantes ecuatorianos de la novísima tendencia poética que intenta re formar en absoluto los clásicos moldes de la poesía. Tendencia muy interesante, y que lleva en sí misma fecundos gérmenes de futuro, a pesar de los humorismos desconcertantes, de las chuscadas y de los absurdos con que un poco para burlarse francamente del público incauto e ingenuo, resucitando el viejo y gastado sistema de épater le boui-gcois; y un mucho para llamar la atención esquiva de ese mismo público, en una rédame sistema yanqui el grupo llamado nadáista ha revolucionado^ mundo de las letras en París, en Italia y en España. El mismo Rafael Lasso de la Vega, uno de los apóstoles más convencidos de este movimiento, confiesa abiertamente esta posición burlesca del dadaísmo, en un estudio que tiene, sin embargo, mucho de serio y de verdadero: "A semejanza de aquella estatua de El poeta asesinado, modelada, no en bronce ni en mármol, sino en nada, en el vacío, Dada no es nada. Ya lo manifestaron Tzara y Picabia. Esta nada está en pugna contra la otra nada que nos infesta: teatros, libros, exposiciones oficiales, etc., todo lo que hoy la gente aplaude y saborea como un caramelo. Dada es, pues, un farsa muy superior a la que hubiese inventado en nuestros días, si viviese, el clásico genio inventor de la farsa: Aristófanes. Es preciso dar la batalla, pero sin encolerizarnos. Es posible que nos muramos de" risa cojfio aquel griego... Pero detrás 4e nuestra rjsa está la seriedad; tras la destrucc-tnén la nueva edificación. En cuanto a Dada es la apoteosiss de la burla; se burla de todo, hasta de sí mismo". (Oosmópolis, diciembre de 1920). MEDIODÍA El sol va pasando con hambre olvidando los niños Las calles COMIDO paj alelas son testigos c&de as embajadas de Pleamar yy Bajamar Dentro de las vitrinas mundos soñados por Copérnico, Catros con emolo nias i giran sobre SSM órbita Empleados'que esperan eren los veniiladoies el milagro' prometido 1 Telescopios negros café azules llevan iemiofobia Fosa la vida en busca ites ano congelación azul Los transeúntes» aon,. lluvia de Diana Htoo MAYO.

7 156 PMA30 Lo más desconcertante en este movimiento, qné no sabemos si nació en veras o en burlas, y cuyos iniciadores no sabemos si fueron simples embancadores de público o si tomaron deliberadamente ese camino para obligar a que se les prestara una atención demasiado solicitada por miles de objetos diversos, es que, hoy por hoy, el movimiento existe seriamente, no sabemos si a causa o a pesar de esos mismos iniciadores. Una pléyade de jóvenes poetas está creando realmente una nueva poesía con fórmulas acaso arbitrarias, acaso exageradas, pero realmente existentes. Y es el caso de estudiar con atención si nuestra modalidad no acepta de Heno los nuevos cánones lo que haya en ese movimiento de aprovechable como vi~ talidad poética. Tan equivocados estaríamos al encogernos de hombros despectivamente, ante la nueva poética, como al aceptarla íntegramente, con efusiones de neófito. Lo curioso del caso es que el Eío de la Plata, tan abierto a todas las novedades literarias y sociológicas, haya permanecido indiferente en absoluto a ese movimiento que absorbe la atención de tantos literatos; y al que Guillermo de la Torre, en las páginas de ''Cosmópolis", y Cansinos Assens en las de "Cervantes", han dado tanta importancia, al punto de publicar esta última revista verdaderas antologías ultraístas por las cuales ya teníamos ocasión de conocer a nuestro joven autor. LAS NUEVAS UTEKATUBAS 157 FLUVIAL El síncope de la noche anula el aire en soluciones de sulfato Puntuaciones ortográfica» de oiro siglo en el alumbrado de las embarcaciones ' Discursos insolubles Proyecciones de cuerpos geométriéos Yodo en oposición con Coiy Arabesco» formando - - ecuaciones nihilistas Marinos de barbas niqueladas soplan chimeneas ambulantes La ciudad liquida como sanatorio de sales adiciona HUGO MAYO. ' Entre nosotros creo que solamente la efímera revista "Los Nuevos. 1 ' se ocupó algo de este movimiento, publicando composiciones de Isaac del Vando VUlari Gerardo Diego.y algún otro. Federico, Morador, entre nuestros poetas, parece tender algo hacia esta escuela, aun ouando Be defienda de

8 158 PEGASO mi calificativo de dadaísta, aplicado a algunas_do iaa_ composiciones de su libro "Poesía". También un joven poeta, Carlos Kodríguez Pintos, de quien PEGASO publicó algunas composiciones, tiene una ligera tendencia hacia el creacionismo; y digo ligera tendencia, porque comparadas con las de su inventor, Vicente Huidobro, aparecen casi clásicas en absoluto. En cambio, los otros países de América han seguido rápidamente dicho movimiento. El mismo Vicente Huidobro, que pasa por ser el introductor del creacionismo en España, es chileno. César E. Arroyo es arneucano, como lo son Hugo Majo y Victorio Abril. "Los demás ases, Lasso de la Vega, Guillermo de Torre, César E. Comet, Rivas Panedas, Correa Calderón, entendemos que son todos hispanos. Ahora, nuestros conocimientos sobre la nueva tendencia no nos permiten clasificar de un modo absoluto 4as composiciones de Hugo Mayo con que PEGASO da a conocer a este adalid de la nueva poética, entre los ultraístas con que el dadaísmo francés que defiende en "L'Esprit Nouveau" Paul Derinée, ha tomado carta de ciudadanía en España, o bien entre los creacionistas que patrocina Huidobro y defiende Guillermo de Torre, o bien entre las cien otras que, cual hongos crecidos a la sombra de la rama' materna, el cubismo, se multiplican sin paz ni armonía, a pesar de la poca diferenciación de sus matices para aquellos que los contemplamos, desde afuera; aunque por sus condiciones generales, nos inclinemos a colocar a nuestro nuevo colaborador en la entusiasta falange de los ultraístas. Montevideo, Luisi. EL ACECHO A, letmo Slaaacoida Carlos Bemáidee. Juan A cincuenta metros de la puerta de calje de mi cas>a, iiabia una librería, a donde no vi jamás entrar "mi cliente. Con mis libros bajo el brazo, frente a eüa, cruzaba todas las mañanas; apresurado o lento, según mis estados de ánimo. Camino obligado, en donde hallaba siempie las mismas caras; unas, ansiosas, esperando el tranvía; otras serenas, andando paso a paso.. Mis ojos veían con la inconsciencia más grande, Jas caras conocidas, lffs puertas cordiales, los balcones amables, y aquellos gruesos caracteres en rojd que, en el cristal limpio de la vidriera de la librería, versaban : Lasky, y diez centímetros más abajo: IÁbrería fundada en Nunca consideré como casa vecina la de Lásky, el librero. Parecíame distante muchas cuadras de mi zaguán,,aunque casi siempre terminaba de colocarme el, sombrero, cuando cruzaba por el espaf até... ' ' Durante tres años, a las ocho de 1 la mañana eran mis salidas. Al atardecer, mis regresos.''' La' vidriera era amplia, con un cristal brillante y limpio. La puerta era pequeña, estrecha, daba la impresión de tín pasillo secreto, de ésos que abundan eh

9 160 PBOASO novelas policiales. Apenas dejaba adivinar su interior sombrío, desde donde llegaba, algunas veces, un vaho extraño, mezcla de humedad y de sabroso olor a pa-. peí. Inconscientemente percibía todo psto. Lasky, el dueño de la librería, sentado detrás dei escaparate, descansaba en un viejo sillón, entre dos pilares de libros. Desde la calle, al cruzar frente a la vidriera, se veían sus oios color oro. Eran desagradables y ásperos. La cabeza, inmóvil, surgía de entre lo& pilares, como un llamado, como un grito. Era imposible detenerse en la vidriera a curiosear, ante los execrables ojos color oro, sin pestañas ni cejas. Hacían daño Eran hostiles a cuanto curioso -se acercase a la vidriera. Tardes hubo, en que cruzaba observando de rabo de ojo, los libros alineados. Apostado, otras veces, en la esquina cercana, observaba los gestos de los transeúntes Al retirarse de la vidriera de Lasky, llevaban un gesto de asco, de repulsión, en sus rostros marcados de acedía Yo les tenía un miedo de tres años, y, sin embargo, no me vieron ellos pasar, día tras día, durante tanto tiempo, como pira serme vecinos o familiares? Allí estaban siempre, mirando escudriñadores y apurando las cosas de la calle, con atención inusitada. Parecían, aquellos ojos color oro, dos nioueditas doradas, o las puntas de dos taladros dorados, empegados en agujerear el aire y el cristal de la vidriera. Lo veían todo. Al hombre que pasa despreocupado; al obrero de sucia vestimenta; al mendigo harapiento; a la lujosa dama; a la buscona; al curioso que se asoma a la vidriera por costumbre; al escolar de ingenuo mirar celeste... A todoa, aquellos ojos color oro, veían diariamente cruzar por delante de la tienda de libros... Ojos sin pestañas ni cejas, que no me dejaban estudiar la ubicación de los alineados libros déla vidriera. Lasky estaba allí, entre dos pilares de libros, con las manos en sus bocamangas, el pecho EL ACECHO 161 hundido, los hombros caídos y la mirada, clavando su loco afán, desde la oscuridad de la tienda. Los ojos color oro me veían siempre pasar. Conocerían muy bien mi corbata a rayas", mis cuellos lustrosos, mi traje azul. Cuando cruzaba un des.conocido, ellos multiplicaban la atención. Entraría a comprarle? i Le agradaría algún libro' t Buscaba una novela en donde estuviese retratado su espíritu? {Algún drama, parecido al de su vida, buscaba el desconocido? Pensé que debía entrar, alguna vez, en lo de Lasky. Era sin duda alguna una burla mía, solapada y perversa, acercarme tarde a tarde y no entiar nunca. Los ojos color oro comenzaban a odiarme y se aguzaban las puntas de aquellos taladros dorados. Creí que les era un ser antipático, despreciable, como esos que se burlan de un anormal. Los ojos color oro, cada vez más desagradables, acabarían por enfermar mis ojos. Entré. Lasky abandonó su sillón y vino hacia mí. Tuve la impresión de que el miedo me entraba por los ojos, pero Lasky, con las manos en sus bocamangas, estaba ya cerca mío, Adopté un gesto displicente y noté cambiados los ojos color oro. Ahora me eran cordiales, amables, me acogían con un aire familiar, y dábanme valor. De esta reyista dije señalando la revista PEGA- SO el número catorce... Sacó las manos de sus bocamangas. Eran sarmentosas, dedos largos, rematados en uñas largas y afiladas; amarillas y feas. Colocó la diestra sobre unos libros y comenzó un ágil tamborileo. Dióme escalofríos. Había olor a libros. El local, poco aireado, daba la impresión de un sótano atestado de libros. Miró adonde yo señalara y encaminándose con una lentitud majestuosa, como la del hombre satisfecho, resuelto a saldar una deuda. Levantó un brazo hasta las estanterías y me alargó el ejemplar pedido,

10 162 PEGASO con ademán seguro; cierto. Tomé la revista y pude apreciar de ceica las diez uñas amarillas y afiladas deaqueoas manos sarmentosas, huesudas, laigas. Cuánto? inteirogué lacónico y frío. Uno y cincuenta.. La voz era recia, como sus ojos. Dijo las palabras con firmeza, de la misma manera que clavaba en las pupilas de los transeúntes, los clavos dorados de su3 ojos color oro. Casi me atrevería a afirmar ahora, que soniió imperceptiblemente, mientras le abonaba el ejemplar adquirido. Dejé vagar una mirada estúpida, por las estanterías repletas de libros y con el gesto de hombre en sus cabales, salí de la tienda de Lasky, con arrogancia Había gastado uno y cincuenta después de tres años de continuo pasar por aquella librería. Di vuelta en la puerta de calle, a mi izquieida, y me detuve, junto a una curiosa mujercita, a mirar los libros de la vidriera. Los ojos color oro no estaban ^ allí. Ambos, con satisfacción, contemplamos ^vidriera Los libros mejores parecían atraer nuestras miradas. Noté que mi compañera de curiosidad, alguna chica frivola, alejaba sus miradas, de los libros de títulos sugestivos. Pude cerciorarme de que-en la librería de Lasky había libros llegados en el último correo, pidiendo a gritos que yo los» comprase. l"uvo varios segundos de dulce paladeo. Mis manos se in-. quietaban porque no podían palparlos, tocarlos, para sentir mejor la emoción del libro nuevo. Se lee con las manos, a veces, aunque e'sto parezca' raro. Un amigo tengo yo, el cual huele los libros antes de leerlos. Es que, indudablemente, hay ejemplares que requieren los cinco sentidos para ser saboreados. Obsérvese el olor particular de ciertos libros, que no han sido abiertos nunca, desde que allá en Europa, unas ma-. nos tal vez femeninas los empaquetaron para América. El goce de los curiosos de las vidrieras, es de los más refinados, de los más puros goces, EL ACECHO 163 Cuando entraba en el dominio de la vidriera, aprendiendo de memoria lugares, títulos, actores, etc., vi a mi compañera de curiosidad hacer un gesto desdeñoso, cruel para mí, y alejarse. La miré sorprendido, i Qué había hecho yo a aquella mujer para que así se aleja'sei fno fui *,u buen compañero de curiosidad? Volví la vista sobre la vidriera y estaban, luminosos, diabólicos, los ojos color oro. Comprendí el gesto de la compañera de cunosidad y contemplé los ojos de Lasky con un poco de valor. Eran ahora, como dos ruedas de fortuna, pequeñitas, girando vertiginosamente. Me clavaban sus clavos dorados, en las mismas pupilas. Aquellos ojos no eran los mismos del hombre que me vendiera la revista montevideana. Habían cambiado, cambiaban espantables y ásperos, a ti aves de los cristales. Pude dominarme y así dominarlos. Bajé la vista y me sorprendió la cubierta parda de cuero, de un viejo ejemplar colocado pn el centro de la vidriera. No le había visto autes SP repetía el fenómeno del paseante que no sabe cómo son las-\.molduras y comizas de las fachadas de las nasas por donde cruza a diario. Cuando miré nuevamente, el ejemplar único, de parda cubierta, vi un rótulo a su lado. Versaba: ' "Ejemplar único. Hay dos en él mundo." En aquel momento los ojos de Lasky, todo Lasky en 'os ojos, me indicaban el ejemplar único, mientras giraban los ojos color oro, como dos ruedas, de fortuna, pequeñitas... Puse mis cinco sentidos para comprender lo que decían los ojos, o lo que ansiaban decii. Tres años de diario cruzar frente a ellos, no me habían alcanzado para descifrar su enigma. Por otra parte, nunca me había empeñado en ello. Pude abstraerme de la baraúnda callejera; peatones y automóviles; ^ pasos en la acera; vendedores ambulantes, tranvías ruidosos, todos se habían alejado de mí. Estaba yo solo, frente a un par de ojos color oro} gi-^

11 1634 KWABO rano do, con no sabía qué afán loco, i Qué podiam d'ecirmne desde adentro de la tienda, a mí, que apenas habíña «ntrado una sola vez? Recapacité unos instantes * y se me ocurrió pensar que jamáb había visto aqueael ejemplar único. Al mirar con insistencia la parda crenbierta, di con la clave del terrible enigma. Aquellos ojos esperaban el comprador del ejemplar único, con s avidez, con afán enfermizo. Era el acecho, el enorme aflceebo de los que esperan. En el brillo de los ojos colora 1 oro, descubrí la tragedia de Lasky, el -suplicio brutsal de una espera, el enfermizo esfuerzo de un acecho. -Acechaba al cliente, desde su viejo sillón, como un perroc de presa, al grito del cazador. Como la ansiedad de cié en pescadores hambrientos, al levantar las redes, en una atardecer. El ejemplar único dormía en el escaparattte, desde cinco año3 atrás. Lasky lo puso en la vidri».era una mañana, y se apobtó tras él, para esperarr el cliente. Pretendía señalar, indicar con los ojos, a cnanto transeúnte se detuviese en el escapaíate. i Y pensai que sus ojos eran los enemigos suyos! Hacíaan huir a los clientes, con gestos de asco y repulsióon La tragedia silenciosa y bárbara de ojos en acechan, no la La cantado, ni contado nadie. La tragedia de los ojos color oro, por mí vivida, no podrá nt unca, nadie, cantarla. Fue formidable y silen-' ciosa. Vivió cerca de cinco años, pero tuvo la fuerza de un acecho de siglos Acecho, en donde el hambre, el lujoo, la vanidad, todo se concentraba. Acecho cambiante» en los ojos; que eran a veces monedas doradas; omtras, puntas de taladros dorados, empeñados en pas aar fi través del cristal; muchas veces, clavos de oro, y no pocas, ruedas de fortuna doradas, girando, girándolo. Por las noches, en loa sueños felices, serían ruedas s de fortuna... Supes el secreto de aquellos ojos y los compadecí y admiré.* El cristal de la vidriera me enseñaba la tragedia ódel hombre que lucha, silenciosamente.. Pen- BL ACECHO Ib5 sé en las hijas de Lasky, en sus faldas do seda... Pensé en su mujer, en los altos alquileres, en las mil tentaciones de Buenos Aires, cambiante como una víbora de muchos colores. Pensé en la vanidad, en el lujo, en la moda, en las hijas de Lasky, bien vestidas. Los esfuerzos que él hacía para detener a los curiosos, eran sobrehumanos. Se enfermaba. Deliraba como un loco, detrás de la vidriera, como una araña hambrienta a la puerta de su cueva, viendo volar las moscas próximas a la trampa. Cada paseante era un posible comprador; era, tal vez, eí hombre que se llevaría aquel ejemplar único, mitad de su fortuna en libros. El tormento del vendedor, condenado a esperar el cliente, es trágico. Verle pasar y comprender que si uno tan sólo, adquiere algo, significa el saldo de una deuda! El tormento horrible comprendí aquella tarde. Sufrí con Lasky, sufrí con sus diabólicos ojos color orb^ percatándome de su mal irremediable. Perversos y cicateros, serían aquellos que, comprendiendo la tragedia de sus oj'os, no entraban a comprar libros en lo de Lasky. Cuando niño, me complacía en engañar a las arañas, imitando el ruido de las moscas presas en la tela, y comprendí, recordando, el suplicio espantoso de un acecho semejante. Desde aquella tarde me propuse adquirir el ejemplar único, arrancarlo de aquella vidriera, como a un árbol seco, en mitad de un camino polvoriento Arrancar el libro de la vidriera sería quitar el mal a Lasky, hacerle feliz una hora, alegrar tal vez \a, vida de una de sus hijas, ignorantes de la tragedia 'del acecho. Debía extirpar el mal del librero desgraciado, adquiriendo el ejemplar único. La sola idea de que con aquellos ojos color oro, Lasky podía dañar a una de sus hijas a 'quienes no conocía me alentaba en mi obra benéfica... [Pobre Lasky, el hombre del acecho) repetía a cada '

12 166 rato, aquella tarde de mi feliz ocurrencia, en entrar por el numero atrasado de una revista uruguaya.. Cnando me alejé, Lasky había quedado en la vidriera, con sus ojos en acecho. Al acostarme, la noche del descubrimiento' del secreto, estuve hasta tarde, pensando eii el acecho de todos los hombres. El caso de Lasky me pareció nn índice. Señalaba el terrible mal que aqueja a muchos hombres. A unos más que a otros, meditaba, pero a todos el acecho ha de ir secando poco a poco el corazón, hasta!a muerte. Nadie ha visto o sentido la ansiedad de uii lustrabotas que ofrece sns servicios gritando! La ansiedad. del vendedor de baratijas? Hoy no se vende nada! he oído decir a más de uno. Pero ellos, los que vagan, distraen la vista, son asaltados y sorprendidos por miles de acontecimientos callejeros. El acecho de Lasky, la espera ansiosa del comprador de sn ejemplar único, llegado con enormes esperanzas, sólo yo la comprendía. Para los ojos color oro, aquel libro magnífico echaba raíces a medida que los días pasaban. El viejo ejemplar de cubierta parda descansaba como un muerto, entre los libros recién llegados. En los ojos color oro, la visión del libro único era distinta a la mía. Para los ojos del librero en acecho, ya no tenía forma, color ni tamaño, aquel eje'nplar de parda cubierta. Era una visión fantástica ds una esperanza parda, petrificándose ante sns ojos. Era pomo una roca sombría en la playa de un mar de pa- ' sión, el cual con sus olas debía pulverizaría... El acecho de Lasky era su suplicio. Pasaban los cnriosos, pasaban transeúntes, de la mañana a la noche. Unos apresurados, ni miraban su vidriera. Otros se detenían un segundo, pero nadie entraba por el ejemplar único. Varios bibliotecarios de clubs porteños, habían desdeñado el ejemplar ofrecido. Lasky esperaba el hombre suyo. Imaginábalo vestido de mil maneras. AI cabo del día eran nmohos los posibles ~com-' 167 pradotes. Por otra parte, yo no vi jamás a ninguna persona cruzar el umbral de la librería de Lasky.. Sabedor de la silenciosa y honda tragedia ele un par de ojos color oro, traté, en los días subsiguientes, de aminorar el mal del acecho. ~ Una tarde, a la vuelta de mi labor, crucé por segunda vez el umbral de la tienda de libros. Había visto los ojos de Lasky sus raras señas. iqué señas, Dios mío! Giraban los ojos, como dos ruedas de fortuna y m«enseñaban el libro, la gran esperanza suya. Porque percibí nna sonrisa, no sé si 'le burla o de alegría, aquella tarde entré a preguntar el precio del libro. Lasky se puso de pie. Las manos sus uñas esta- \ ban metidas hasta los codos, en las bocamangas de sn vestimenta amplia. Miré con curiosidad falsa y estudiada, una estantería con libros en rústica Pe acercó Lasky «y dándome vuelta bruscamente, le dije: icuántopide por el ejemplar único í Los ojos color oro, sin pestañas ni cejas, habían cambiado. Eran otros, ásperos sí, pero guardando una tranquilidad más visible. Vi su boca de labios finos y pálidos. La frente estrecha, surcada por dos líneas. solamente; rectas arrugas, finas, de sien a sien. T me contestó: Mil quinientos pesos, señor, mil quinientos.. Al decir por segunda vez mil quinientos, los ojos color oro grabaron en mis ojos, las palabras mil quimen-tos. Eran los mismos ojos del acecho! Acechaban ahora mi impresión. Soneteaban mi espíritu, esperando con ansiedad la respuesta. Miré atentamente a mi alrededor y sentí,las miradas. Libros, fo- s lletos, estanterías, me fueron antipáticos, me echaban' de allí. Empujado por la mano de atjrella senñoscuridad de la tienda, del sombrío negocio f'e Lasky,- I salí/ lentamente, paso a paso, intentando silbar un aire' r nacional, - *, * -

13 168 PEGASO Mañana! dije con seguridad y me lancé a la calle, perdiéndome entre las gentes, llevando en los ojos, otros ojos color oro, como dos moneditas; y, en la espalda, la mano que me empujó hacia la puerta estrecha. Al retornar no miré la vidriera. Me cuidé muy bien de acercarme allí, pero sentí en el alma toda la tragedia de los ojos color oro. Ya la conocía tan bien, que no había necesidad de verlos. Pasarían los transeúntes, se alejarían después de acercarse a la vidriera, con un gesto de acedía y perversidad. Pasarían unos y otros por delante de sus ojos, sintiendo los clavos dorados, con el intento de clavarlos allí. La honda tragedia yo la sabía de memoria. El acecha brutal de la araña a la puerta de sn cueva, contemplando lo maravilloso de su trampa, lo sentía, lo vivía. Me veía niño engañando a las arañas.. ; Aquella noclie me dormí pensando en el acecho de Lasky y en una araña hambrienta... J u ACEOHO 169 ligera, de mi sueño diatfbólico. La librería, que ahora consideraba vecina, estaaba. cerrada, y en la puerta metálica, un cartelito mee dio la noticia funesta: '' Cerrado por duelo". Fue para mí como un telegrama llegado de allende los mnar-es. Los ojos cojor oro, los ojos del acecho, habían : muerto! Hice correr la mano esen la vieja ventana de la casa de la esquina y enredé e«n mis dedos una tela de araña. Me dio asco, miedoo y no recuerdo qué más... Mirando la librería cerrrada, con la peisiana de la vidriera, baja, como entorn nado párpado de un muerto, vi en la libxería de Lasky l-.la cueva de la araña hambrienta, a quien acababa de - quitar la tela sutil, con mis manos blancas. I El acecho es, como o el hambre! pensé, y seguí mi camino por la calle de siempre... ENRIQUE M. AMOBÍM. Invierno ueno:»s Aires. De un libro titulado: "Amorím". Eran las ocho. Salí de mi casa como de costumbre, y sin acordarme nada de lo sucedido. El sueño me había matado la impresión del acecho. Crucé frente a la librería de Lasky y la hallé cerrada. Una tromba de ideas y pensamientos cruzó por mi cabeza. Me detuve en la esquina, al lado de un buzón. Gracias a él, la gente no me llev'ó por delante. Recordé mi sueño de la noche anterior. Había visto a Lasky, lirado en la vidriera, con un libro entre las manos, debatiéndose delirante, loco. Vi las uñas amarillas quebrarse, una á una. Las uñas de Lasky se quebraban al apretar, al agarrar el libro único. Vi quebrarse nueve uñas, una a' una, menos la del pulgar derecho, recia, fuerte, curvada! No recuerdo más, de aquella visión * ' "» -

14 ~ BIT PAGÓLA CUADROS DEL CONVENTILLO Se camina con cautela. Se habla bajo. Hay mucha gente. Una débil luz de vela.naufraga'en el aire opaco A fuerza de vaho, encierro Y humareda de tabaco, ife hace toser ese ambiente Al entrar. ü,n perro flaco Me rezonga sordamente; Y en tanto se acalla al perro, Alguien me arrastra del saco Hacia una cama de fierro. Sobie el colchón, dura, calma, Como si fuera de yeso, Hay tina niña extendida... Un poco de piel y hueso Sosteniéndose tu la vida Por una hilacha de alma! La contemplo así, suspenso, Breve rato; sin embargo, El minuto es tan intenso Que a todos ña parecido Infinitamente largo, í entra un desío de mido, 'Pe wdar de mostrar denuedo, Como cuando por adentro Nos anda arañando el miedo. - Una sin duda la hermana Va a llenar en la catiilla Del agua la palangana. Este me alarga una silla; Una- tohalla aquél. La abuela Alza y me acerca la vela, Ahincándose en un tranquilo Avivar de su pabilo. Con un gesto brusco y breve, Me saca-el sombrero e.1 padre. Sólo una no se mueve, y La madre... Pongo la-tohaua en el pecho, Sobre la tohalla nii oído. Y otra ves aquella calma! Es un silencio esculpido En p\edra el que está en mi acecho, Sólo para mí deshecho Por el mínimo crujido x Que hace una hilacha de alma Rompiéndose dentro un pedio, Y un soplo helado, foráneo, Que me anda erizando el cráneo... Al fin levanto la frente,, - Voy a hablar; mas de repente, ' Hace llorar un vecino En el patio a su vihuela. Y no sé 'qué clandestino Frío en el cuartp se cuela, Que el perro gruñe de nuevo Y cae él fallo de sebo Pe la s breaos de a abuela,

15 172 PEGASO Queda a oscuras la motada. Como algo a las manos hiela Tardan en prender la vela. Cuando al fin constgven eso, Ya no hay que decir wás nada. La pequeña les piel y hueso...' TOSE MABH DELGADO EDUCACIÓN SEXUAL Alrededor de una conferencia La- sociedad se ha ido organizando empíricamente, al azar de los acontecimientos y de Li lucha por la vida, a través de las edades Hace ya cierto tiempo no mucho que el espíritu científico ha empezado a deducir nociones exactas del mundo y de la vida. Estos conceptos son actualmente lo suficientemente precisos, como para permitimos asentar sobre ellos el edificio social. Sin embargo, esta obra ha de tardar mucho tiempo todavía Los prejuicios que vienen de atrás y los defectos propios de su constitución originaria^ sé opondrán durante largo tiempo a una organización social fisiológica y humana. Ifay una profunda falta de comprensión de los problemas sociales en la misma gente^ culta, obcecada por las ideas que les han inculcado desde niños. Toda la obra por hacer está así en la es-,cuela. Pero, icu&rfdo estará capacitada la escuela para enseñar lo que debiera y como debiera! That is ihe quesiíoii. lia. doctora Paulina Luisi dio en la Sociedad de Me- ( dicina una conferencia sobre Enseñanza Sexual. Preconizaba en ella dos cosas fundamentales: la necesidad de formar, por la escuela, el carácter de los niños, de educar sn voluntad y su hombría de bien, y la de enseñar la verdad'en todas las" cosas de la vida.

16 174 PEGASO i Hay nada más racional? Sin embargo, no le parece así, ni remotamente, a todo el mundo. Cómo va a enseñar la escuela lo que el recato más elemental prohifae,i-aquí de las ideas tradicionales, de los prejuicios viejos. Las religiones por qnerer exaltar artificialmente verdades han hecho de las necesidades corporales actos nefandob, casi delictuosos. Y este error funesto ha traído estas lamentables consecuencias: ayuntamientos monstruosos, enfermedades venéreas, ejemplares de degeneración de la especie, cada día más numerosos. Por qué ocultar cosas que soufisiológicas,si precisamente por tales deben, no sólo no ocultarse, sino ser perfectamente conocidas! Nada de lo que es humano, nada de lo que es de la tierra debe ser desconocido a nadie. Sólo el conocimiento exacto de las cosas puede dar la pauta para las acciones razonables. Esto es lo fisiológico y lo saludable para todo criterio sano y bien nacido.,aparte de que la ocultación de cosas natura- " les lleva, no al recato ni a la honestidad, como equivocadamente se pretende, sino al disimulo y al vicio, que es lo que vemos por todas partes. Queréis hombres y mujeres sanos y honestos, recatados de verdad, pudorosos como la naturaleza quiere que lo sean y no pudibundos, como la educación, actual los hace? Educadlos sinceramente en el conocimiento de la naturaleza, sin afectación ni alarde, y educadlos en el amor a la verdad y en el cultivo de su voluntad y de su hombría de bien. Ahí está todo.. La enseñanza sexual así entendida hace parte integrante de la enseñanza general y no debe ui siquiera ser mencionada con tal nombre. Lo que se pretfen,- de no es enseñar a los niños tales cosas deliberadamente, sino simplemente no hacer ocultación de ellas, como de cosa prohibida que ahí está el mal e irlas haciendo conocer, por maneras apropiadas a cada edad» a medida que la propia curiosidad de los niños se des- 4 EDUCACIÓN SEXUAL 175 pierte. Todo esto sin miedo, sin falsas pudibundeces, con toda naturalidad, de un modo impersonal, refiriéndose siempre al hombre, sin particularizarse nunca con nada ni con nadie. La orientación de la escuela y su modo de enseñar, dentro de una orientación fisiológica, científica, impersonal y exacta: he ahí lo que hay que cambiar y el problema fundamental que hay que resolver para poder llegarla una organización social igualmente racional y fisiológica. La enseñanza sexual no es sino un capítulo de esta modificación esencial de orientación y de doctrina. Cuándo tendremos una escuela así concebida? ALBERTO BBIGKOLE.

17 CRÓNICAS DE ARI'E El concurso para el monumento al gaucho Ha Yenovado.este concurso el VIeJO pleito sobre <'1 carácter.local quajsuscitó el discutido umento a.artiga~. YS ~rendvar{t siempre esto pleito cuando so trate de initlo:rtalizarun héroe o una hazaña genuinamelito nuestrá.. Yes que la escultura, estáticay ne,fijadefhiitivau1ente en el espacio y en el tiempo una imagenqnecada cual sientedistíuta. IDl 'gaucho, héroe nativo, que ha vivido con.nuestra infancia en el I hogar, enia.escuela; al salir de la historia, yen nues...travida de' honrbres al comprender iy amar el pasa" do,adql1ier'ü~th. Jr~~torl1odistinto(ni 'cada mentalidad, Yes así"qu~l~ilt'e las numerosas maquettes, ~iqllel que miraba no ;juzgaba por 'lo quc.fonía al1tesí,~t:tialado, corno un valor estético, sino que ana1izah~:.t en coinparaeioneoll üi tipo que abrigaba su e<~r(jhro/ con el gaucho que élhubi.era hecho si hubiera sido escul.. 'toro.fjspo r~}so que, este concurso cl(}spül'tó tanto.íntcrés, y. despertó...tantas crfticas y. qrítieos dorrnidos. Pero. alltysd(}.entrar en jui eio,pel'nlítasenos.una H- gera \.c1igresión, perxxlftasenos.qth~alahemos.. este.entusiasdlo qucponeel'puebloexl 10 que.secrea:'cll 8'11 époea,avaloj:andoy'c1iscutien,~o Jo. que.llevarft al futl1ro.. l1na'p~lpitalc,~6ncleoada... 'una....de. las...vidas.qut~ pasan' asu'lado.pero'permítasenos que} lamentemos Monumenio al gaucho. Primer premio: Obra de José Luie Zorrillo de San Ma'J,tín

18 ('JRÓN1CAS DE A:R'r:m 177 que ahorre' su entusiasmo sólo para la escultura roonumental, olvidando que hay otro arte amplio y generoso, que también necesita y exige su entusiasmo y su crítica; un arte que seextíende por doquiera, que' lo cierra todas las perspectivas en la ciudad, que lo guía y' lo orienta, que lo {mida y loahrigay que lo ha dh guardar deñnitivamente : la arquitectura. El día que nuestro pueblo ponga tanto entusiasmo y fe al mirar los nuevos 111.1U:OS que se levantan, ese día tendremos arquitectura expresiva, humana, arquitectura nuestra, y no el triste montón de paredes grises que forman nuestra ciudad. ', Decíamos que cada persona tenía un concepto allticipado del gaucho. Por' oso el jurado, con sabia or-ientación, les ofreció a los artistas, para vigorizar o reetiñcarese concepto, o-quizás para exaltarlo, las páginas más,'llül"!nosas éxtraídasde la epopeya de ~., Artigas, Hoy librotilatriz de,dos monumentos, contieneel germen de {oc{ü;' los monumentos.futuroade nuestra hazañaguerrera.imónumento él mismo de palabras vibrantes, de ritmos sonoros, "de sugestiones armonioaas, do' alegorías nativas" de naturaleza, de historia y ele'patria, inspirará: el ciclo de nuestra vida pasada, que se ha de inmortalizar en lapiec1ra. o enel rnlu'o~ Yasfse. trasmutará siempre la exaltación lírica qllcanimaeste/,conjulltoimpalpahle ele 'palabras,ala dura y ooncisagravedad delbrollce, entrando a su amalgama como una. nueva 'substancia que le, darádureza de inmortalidad. 'Por'las páginas de 'la epopeya de Artigas pasa siempre ',elg,al1'cho.el maestro lo 'évoca así: ".El tlaucho! Os debohaeersentir eongrande intensidad'esa figura porqúees nuestro rtipo IioméricO;,'esel mismo que vemos en la Ilíaaa,juntp>a las h1jteoa.9 naves ele los aqueos, al píe de las murallas de la sagrada I1i6n"conclucido por, Aquiles,eL de los ligeroa-pies, por Héctor, el doroadordeeahallos". 'Por la potencia sugeridora de la gran literª-tur.a;7

19 178 ~ vestido en tela de leyenda, azul y dorada, revivo el gaucho toda su agitada vida calnpüsina, Corr«1::>01' las lomas, 'se hunde en los pasos do los ríos, se pega al caballo Ji'" forma el centauro americano, ntac'a frente a frente, hiere, mata, huye con valentía, Se de en la rna rafia del bosque, como un gato lllontés, :-::ligue en el éxodo, servicial y hullulllitario, haco silba!' su lazo acrobáticoy c1escl'illü dreui'os enormes NHl sus boleadoras, canta rolllúntico en las noehes Iunaros ; vaga por los campos infinitos y corro en su caballn 1>01' la tierra de amplios horizontes" dueño y señor de las verdes riquezas que el sol' dora con lnnnillcc'llüia. Más que una dudad (~llün'h de estatnas, rniís quo HIt lnonte ele piedrn con una fjscm lturu illnlonsa (In 111. eirna, lrabia do hacer eterna y palpitante.la figiu'a del héroe, este poema l!hüpitante Y' eterno. 'mi lll:ollch1 nos 10 dará subrayado, quieto, rfgiao, para ( l'ha" lo grabemos corno un signo CHl nuestra momorin, Poro In literatura, hecha do algo" impalpahl», palabras, :palabras y palabras, 10 haeo di verso y alriuhldo; sugiol'ü bajo todos los cielos do.la tierru, brujantes o torrnmlt:osos, ba;jotodos Jos ciclos del alma, do alegría. o de mise-. ría. Es la glorificaeión do las palabras ovoead.oras, que or('.a con. sutil trama imaginativalul monumento. {~i~tinto en ~ada, eerebro, la ~)statua 'os la glorifieü, cion en la.piedra o en el bronce que para t()(loe!" los cere~br'()sere~a pi mismo monumento preciso, dominadoreinln?vil. Mas, si la litorai:ura que no oonoee~ sujecíón deüspacio ni do ticij11pq, ]0 evoca amplio v diverso" en 'pei''1)(d~ua. acción, también lo (~voeltpáli~lo y vago. Cada-púgina, Jo haee vivir de una v:id~:t distint~~, pero una vida sin. contornos.fi;jos, sin :faeeiones" amorfa,sin osatul'a,'lw'ühar de nebulosasllbstal1üia psíqniea. 1../a estatua ledacol1er(}cióndefinitiva. IJo detien.e en un 'instante dc~ la (~pophya..lo. bnnortalizafijo y qu:ie-' to. enel.mommlto. ú.1gido d(jsll vida, cuando Sü :inflfj,- roa d,e,m.ayorcaloranínlioo. &Ouál es el momento OElel1- ORÓNICAS J.)'E A.R/J:'ln 179 eial, el momento ü~l que esehér~e:' legendario vibra más in tensam ente en vida O? Es en la acción guerrera. bjsenando defiende su solar, con su caballo y, la laním, del avance extranjero. 'El gancho f'ué soldado, )l'h~o (le la Iibcrtad, y, corno tal, sobre todo, ha predominado hasta ahora, enla imaginación popular, que ~ln lo representa siempre con el carácter decel1ta~ro homérico ", 'diee la nota a Ia Asarnhlea, que suscribe, la Comisión del Monumento. :EJn esta actitud fué expresado.'. el gancho por los que obtuvieron el primero y. el segundo premio ;10s6 Luis Zorrilla de.san Martín,consll gaucho blanco, de sangre caucásica depurada Y' quemada poi',d sol,patrio,'. y Barbieri, 'lc?n.:~u.gaucho indio de arisca y caliente sangre.primitiva. Los dos -nacieron.directamente de las páginas ele Zorrilla de " ISa:n:Martín,tU10 do aquello: ''.,.. ; en los campesinos altivos, de barbas y cabellos negros o rubios, do. ojos horizontales, de tez curtida poi' el sol, poro :irrigada por Iimpia sangrec~tlc.ásica'"~o el otro de esto: "... mezclados a otros tipos lampiñós,.color de co'bre, de pómulossalientes y frentosestr:c~las, <le ojospequeño's.yea.si oblicuos, dec~bellos.rígidos negros,,de mirar.hosco, huraño '". "I.J?s dos. e~carnan das tetnperatd.ento~, dos.psicologias ~ stmta~ pero quel~bra,ron})orígua; la,ep~eya patria..asl dpt)(~ta yi6 las almas'<hermanadas en, la.h~zana,.la nüs111u llamadeheroísmointlamandolosdlstlntos corazones; no los apartó, los i~ualó en su evocación de la epopeya ; no les' di6rangos distintos,~xaltandoa,~a; par el ardor guerrero del blanco y.el:mpetu salvaje delanestizo. Porque los dos brazos SIempre fueron juntos en In gesta l1qmé1'íca,.el brazo ar~og'antey}iero OTl. arresto hispá~~co y 'el brazo nudoso)" flexible (wmouna liana, en la actitud inc1ómita.unferm.e~" to rebelde.existía en el a'irü que respiraban yenel~hnlento qnojesnutría, fermento n~cic1o de la, planta In..

20 dígona"fet'in(~ntoqlle 'ag,itaha I todos "'10,8' llül}vios, y que si hacíaanisco,,~respil1oso al úrbol llativo,haeía (J11Ú~ caro y eruel'al ho~nbl'e que se ülnpapaba d(> su' eseneia ". fel'lnellto que 'eneendió,todas las células,,las qus aldisciplinursey constituirshen. IllodaHdu,d doíilliti~ vu,dieron el produoto del hornbre libl'ebn,jo ~l eicdo jibre de Ámérica.Pero el mismo fermento hinió en vinos dístiritos en (l,iliitillt os recipientes; el vino agridulce de Ia. viña indígena, en vaso dequemactll alfarel'ju; el: vino,gel1el'oso de- ütviña, hispániea. en vaso d<:l blanca alfarerfa. No era posible"síl) crear Un sér híbrido, de psicología defor~e, reunír en una solaeilearllaeióu los dos temperamentos. Por eso JOSé lj li ZOJ;'l'ilJIl ej prohó el iaucllo blanco, y Barhieri (!I kaucho. indígena. Nos deteueinos encstus dos expl'esione,s porque eonceptuari os que Son las.q u(! realizan acahadllluento y mi el, má;ximo de. intensidad 111 gjorilieaei6n d':,1 gauollo. SOIl las 'que sintetizan lasoaractél"ísti{lus tan divorsas ya yecesantagónicas que, 1101' virtud dol amor Patrio, se confundio1'0n y Sil uni ~rqll en 111, hwlill,]jl gauch"dé Zorrilla va lanza orecta, altivo 'sr sefiot; 01 de Barbieri, lluy'e o atuca ondulante y {,gil 'eonlo 01 puma. UnoseidéntHica su lanza, afilada y rígidlh siemp:re deroclla;(~ otro, a su l1echa;si!l adora y cru.él, 1Jlio:Sé Yél'g'11esohro. el eah!d16 al'ro.u;anto soreno el Qtl'(l..se (\Urvaellllll gesto de dlisespij'l'l1oión india.uno j inefe, e1 otro es eentmli'o, Aquél gnlqpa,.c,bitu/)to.andallte. di) h'\ grím cansl!.!.ésto se CjlI'va"!lsíUi arco hll!ll ÚIO.que t e ndil'll'!l ~outl'u litfllerza>invasol'a~ ul'coiji in dio, al'aoel,ilahallo,.y las'bestia~ta1jlnénll\~ oillpa~entall a los dl~eñqs. ']n i 1lnO, d<5-ci l y:valie.nte,r1iellsa.~qmoej.al1l() ~a v!tje.e ij:lilq1jli~a -eilelotro; 'Stl retuel'{le :!'Pl'.iuando'un 'solo lnovimíento-coll üiholnbre. El'~,ul'ado,qtl\lY!l del 'gal1~hqhll1neq Jléntía.nref{l~en(liaP?l'elfripo (así lo diee un pál'l'a:fq de la nota Detalle del boceto premiado. 01'~gr nal ", de José Luis Zorrilla de San Mm'Un

21 ,! I ORÓNICAS DÉ ARTE 181 mencionada: " ha llegado a ser el gaucho uruguayo, el vhombre que,.producto dü acciones y reaecienes sociológicas, y'mezela de razas en que ha predominado, por fin, la caucásica... "), adjudicó el primer premio al boceto de José Luis Zor rilla, y fué un fallo bien acertado, Porque, aparte del valor ieatético o histórico de los dos grupos considorados; el de Zorri.lla es luuy superior al de.barbieri en cuanto ra mouuménto, por Ia nobleza de su proporción, por su equilibrio sntre el grupoy el basamento, el único basamento de' la exposición bien proporcionado a la. estatua, bien plantado en tierra. Barbieri.rompió la unidad de su grupo agreste y huraño con la intromisión de una apaeibloy lenta victoria queuaminacon paso matronal en ritmo desencóntrado..juntoval caballo indómito. Su boceto tiene una hase exigua, demasiado pulida yqne contrasta con laaudaoía y el ímpetu del grupoeoueatre. lsugal1(110 es duro, flloso, hirsnto como una rama de espi.nillo. l1uele a 'I'ltdmralezaprimítiva; la base es blanda, afeminada,sin aristas, eonios-ángulos redondeados, reclama TUl ambiente amable desalón: Elbasamentoda Zorri Ila es fuerte, se abre para adquirir su valor de 'Por.si. Sólo encontramos exceso de.aristas y de planos eortantos, que dividenolefeoto. de ruacizo y,grande que está Ilamadoaproducir.... ~,~v>h:ªcªm!.~~,~?.'q~, >,.~~a)t!~j~l1eonümen to_d~".4gl'rillª.. y 10 que sea0ti8a>~()mo unerror,es un mérito. Es teatralporque es.granc1e,amplio,vibrante, perqueresis- i te.bien el aire libre, 'Porque es.armónico yf1jerte~n todas sl1slínea,s, 'porql~éseduce de inmediato con la,elocl16xlcia vehemente de.su~granc1es In villlientos.si no fuéra teatr8:1 no sería apto (para llna,~loriñcaeión en medio ala calle. La plástica,y la pintura.histórica deben (ira eso, al.gesto.sintético y teatral. Ql1izás el grupo de Zorrillapeque de acusar demasiadoe déta-

22 \ PEGASO lles históricos y veristas, que le quitan algo de esa teatralidad simple q\le debe aoontuar. En el basamento escribió Zorrilla el segundo capí. tnlo de la gloriñcación al gaucho. Es el capítnlo de Su vida. Los otros concursantes usaron distintos procedimientos; han puesto I~ anécdota como una llamada, como una asterisco al margen del libro de piedra y bronce; la historia del gancho se desarrolla así en la media tinta humilde del bajorrelieve, que se hunde en un fondo sobre la misma piedra. Este.fué el procedimiento usado Con fortuna por Barbieri y con gran éxito por Pena, que presentó una de las más hermosas piezas del concurso. El otro procedímiento, que muchos. usaron, es el del verismo o naturl'lismo, que -trata estérilmente de copiar con fidelidad fotográfica, paisajes, animales, costnmbres, atándolos COn rigidez y torpeza a la piedra. José Luis Zorrilla no puso en rol secundario la anécdota ilustrativa. Hizo avanzar en forma osada de altorrelieve, todo el ciclo gaucho: infancia, adolescencia, edad viril, muerte. Lo atrae a la plena luz, y así anima la piedra basamental, de elocuencia y de simpatía, no quitándole su función Primera de sopor. te. La maqlletfe acusa muy infielmente la belleza de esta concepción. La perspectiva dibujada da mejor idea porque marca el despiezo que corta los altorrelieves. Pero no están solucionados con arreglo a la idea. Las figuras de frente, por la distinta sucesión de volúmenes, no se prestan para la simplificación que exige el despiezo; es el error del primer altorrelieve; quizás el posterior, COn la lujosa tama~n del árbol y su tronco fuerte y nudoso en el eje del macizo, pue ~a proporcionar una terminación fuerte y original del basamento. Además, los a1torrelieves están separados en - un plano distinto del basamento. Por un lado ha ~entido Zorrilla la unidad, la compenetración funcional del.. í ORÓNIOAB DE ARTE 183 nto por otro lado los separa, relieve y del basame " y lt cortándose agriamente los aísla en un plano mas a o, " 1 s del monumento. en los angn o t nosotros creemos errores, Sabemos que es os que con que se mancha y se 'd d la premura son naei os e eite Lo importante-es termina en el barro una ";a q ll 1 ~ión desde que al comp:obar lo ace;ta~~fi~~ti:a,s~: le s'erá difícil a Zotrabajar a la esca.a Iiñear las figuras para que puerrilla colocar y SlIDp l. t d 1 piedra cor a a. dan caber bien en a. nos suzíero la obra l observaciones qne o Estas son as. d 1 maquetie en sí, maq!let- Premiada. Hemos juzga o a Ul'S de una obra que ' deei esbozo croq J te, que quiere ~lr ensem~s en el talento vigoroso y cuando nos adelantemos imatrabajador de Zorrlll J la realización futura, podreg'inativamente, buscan o l fuerza de este artista mos ver, los que ~~noc:~o~o~umento que honre al va a ser. Y cuan 0'p en ardiente svóluoión, é Que la hon re con h nre nuestra poca.. gaucho y que o. s y no con títulos irnporvalores nuestros, americ.~~o d. con grito juvenil y vi. tados j que fla ho~re. r;pi;e~aola despedida al gaucho brante, en materia mas u t'a el rapsoda. ('1 homérit el padre poe, ti Que le en onara "Y oldado de la aurora, a, da como él sellama: o, s héroe, de la somb ra ". C. A. HERREnA MAl,) LE~N.

23 GLOSAS DEL 185 Sobra duelo» GLOSAS DEL MES Por demostrar su valor, puesto en duda por una persona vinculada íntimamente con las armas, un hombre que jamás había tenido entre sus manos una pistola o una espada, ha concurrido a un duelo en que estuvo a punto de perder la vida. El hecho no es nuevo. En los buenos tiempos románticos, era casi vulgar. Juan,Car,Ios Gómez tuvo un gesto parecido, aunque los antecedentes del caso no son del todo iguales, ya que él fue, entonces, el provocador del lance, deseoso de mostrar a cierto temido profesional del duelo, que a él no lo amedrentaba. Sabido es que habiéndole tocado las ventajas de un lance que, por sus condiciones soverísimas, tornaban casi en asesinato, descargó-al aire su pistola, exclamando que había ido a morir, pero no a matar.) En el caso que comentamos hoy, el hombre ha mostrado también su guapeza y se ha dado la satisfacción de obligar a su contrincante a reconocer lealmente que se había equivocado respecto a sus condiciones varoniles. Ha sido necesario para esto qne una bala le agujereara el cuello y por una diferencia de milímetros no lo eliminara de la vida. Como se ve, la satisfacción ha costado un poco cara; pero, en fin, si París vale una misa, la reputación de nuestro coraje bien vale una cicatriz. Nosotros, sin embargo, sostenemos que esto es te- ner un concepto bárbaro y estúpido del valor. En primer término, no creemos que sea menos deshonroso para un hombre el decirle: usted no tiene energía, usted no tiene inteligencia, usted no tiene perseverancia; que el decirle: usted no es guapo. Y, sin embargo, aquellas vejaciones las soportan todos, sin considerarse agraviados, mientras que esta última nos obliga a lavarla con sangre, a menos de malquistarse <son la sociedad o de servir de pasto a glosas mortificantes. Todo, menos que se desconozca el toro que llevamos / adentro! ' Y, en segundo lugar, nos parece necesario definir el valor. Bien mirado, éste no es más que una simple cuestión de insensibilidad o quizás de inconsciencia frente al s peligro de la vida. Su medida es dada por el mayor o menor riesgo de muerte que acarree la consumación de un acto. Pero como la muerte va por mil caminos distintos, el valor puede mostrarse, a su vez, - de mil maneras. Es evidente que quien se pone sin temblar frente a una pistola, a veinte pasos de distancia, demuestra no temer a la muerte... por herida de bala. Pero es el caso que este valiente por nada del mundo sería capaz, aeaso, de cuidar a un pestoso, de lanzarse a un río para salvar a un náufrago o,' simplemente', de entrar en una casa sospechada de albergar duendes... Se nos ocurre que los hombres que quisieran demostrar su valor, en vez de asar un procedimiento tan teatral y estéril como el del duelo, deberían revelarlo de modo menos egoísta, dejando de su coraje algún bienen beneficio colectivo. Y es bueno no olvidar este otro hecho: en -caso de catástrofes, naufragios, incendios, los héroes surgen, generalmente, no de los profesionales del valor, sino de, loa humildes artesanos, de los buenos burgueses, 3e lps pacíficos viajantes.... y José

24 186 Charniismo PEGASO ' El entusiasmo promovido por la visita del general Mangin culminó, según informes suficientes de la prensa diaria, en. el baile ofrecido por el huésped ilustre, a bordo de su nave, en vísperas de partir. Alguien de la fina concurrencia tuvo la peculiar afición de acentuar ese entusiasmo, llevándose algunas.chucherías de las que enriquecen la nave; y tal honorable gesto no sólo ha movido acerbas críticas, sino que también dio fundamentos a un minucioso juez de instrucción para abrir un proceso. A este efecto recientemente se ha dirigido oficio al ilustre militar. Nos parece, salvando los respetos, haberse inicia» do una acción equivocada. Ningún homenaje más autóctono, más hondo y genuino que el de esa gente sin vanidad, gloriando recatadamente al huésped, comprobando entre la algazara de las fiestas protocolares, una encantadora supervivencia de costumbres aborígenes, purs desde el fondo sombrío de nuestra nacionalidad es que vino el gesto desconceptuado; fue un impulso atávico, pero con deliciosa adaptación a nuestra época"del antiguo malón charrúa. Y aquí es donde nosotros hallamos qué elogiar: nnestra bastante abigarrada multitud ofrendó su entusiasmo en la manera que podían hacerlo quienes ya nada conservan exento de las modificaciones de una civilización ejemplar. Nuestra ética mira hacia focos encendidos en mundos viejos; nuestra indumentaria no se inmoviliza en líneas que no' sean de universal aprobación; nuestra arquitectura reconstruye moldes afamados; nuestra mentalidad, no habría GLOsis DEXJ MES 187 para qué- decirlo, repite con encoiniable acierto los más preclaros ejemplos. Nuestro vivir es así. De modo que en la férvida acogida habríamos dado al general Mangin una sensación de monotonía pesada, agasajos que, por culpa de nuestra elevación^ resultan semejantes a los de todas partes. EBB determinación de generatriz charrúa, interpolada^graciosamente, cambió la situación. Habrá sido la nota "culminante, la que tal vez ahondó más en él ánimo del duro guerrero. Extraerá la certidumbre de nuestras facultades positivas y verá que la civilización no nos ha deformado, ni penetrado totalmente. Verá que en medio a nuestro esplendor, parques a la francesa, aulas repletas, industrias nacientes, damas enjoyadas viviendo en oportuna suntuosidad, en medio a eso subsiste el ardid del aborigen; encogiéndose pero no transformándose. El aborigen viste frac y tiende blandamente las manos de uñas que fulgen; y está pronto al malón, que cumplirá sin ulular, en cuanto la inadvertencia ambiente favorezca. Esa nota exótica nos la debe agradecer el general Mangin, por lo cual resulta excéntrico el proceso iniciado. > Tal es lo que nos parece prudente decir. Por lo demás, corresponde a la perspicacia de los lectores formar un juicio que nuestra delicadeza nos impide solicitar favorable. ' EMILIO SAMIEL.

25 188 PEGASO Crónica» policiale» IJn diario metropolitano, al registrar en su crónica policial ciertos hechos conmovedores de la vida diaria, hacía reflexiones sensatas que debemos alabar y que mucho nos agradaría poder leer siempre, 'en ocasiones semejantes. Dos pequeñas criaturas mueren envenenadas por haber comido un pan infelizmente encontrado por ellas en el pretil de una ventana; una madre, humilde y cariñosa, que llevaba a un hijo en brazos a la policlínica de un hospital, muere de golpe por una bala que un sujeto de la hampa tira a otro, on el preciso instante en que la madre pasa... Aparte de Ja fatalidad de los sucesos en sí, hay en el nnodo de organización de la vida colectiva defectos graves que contribuyen a la acumulación de esos hechos fa tales. Y a ellos se refería el articulista, que aprovechaba los sucesos para hacer aquellas reflexiones y sugerir enseñanzas preventivas. Del aprovechamiento de cualqnier suceso para co mentarlos al margen como éstos, derivaría una gran enseñanza educativa, que la prensa diaria está en el deber de realizar. Y como son posas las veces en qne la vemos cumplir con él, nos ha parecido muy justo subrayar la actitud de este diario y de su buen cronista. Edicfone* nvltra» Al-BBRTO BRIONOMS. "Vltra" aspira a persentar la Cultura Americana. "Vltra" es una exposición de valores americanos. "Vltra" reclama la ayuda de todos los intelectuales del Continente. Las ediciones "Vltra" publican mensuaímente: un cuadernillo de literatura; "Vltra", revista continental y edición extraordinaria "Vltra" (novela, teatro, verso). v Editorial y Agencia de Publicaciones "Vltra", S. A, Casilla 3323, Santiago de Chile, Notas Bibliográficas Poemas. Por Callos 1 César Lenzi Montevideo Reafirma el autor en este bello libro el prestigio de una personalidad literaria que ya se diseñaba 'Vigorosamente^ Muy diestro en el manejo del verso, dotado de nn alma inspi Tada, casi todas sus composiciones tienen cierta- complicación sen sitúa en el fondo y cierta manera aristocrática en la forma, que las destaca y constituyen, a nuestro juicio, las cualidades características de este poeta. Sin embarcarse definitivamente en ninguna tendencia sea por quo no baya encontrado todavía su ruta, sea por amor al edecti* cismo el autor rebela acabadamente su capacidad para expresarse ja dentro de la rigidez de los moldes clásicos, comd dentro de la libertad moderna, sin que el verso pierda sus encantos eufónicos y su decoro poético Demasiado sutil, tal vez, son emociones las suyas que ge sienten como un ligero frémito de hojas y de ramas agitadas por una brisa indolente y perfumada Su pena naufraga fácilmente entre burbujas de champagne, y la quimera lo arrastra con frecuencia, reanimando sin duda cromos desleídos, hacia países y lagares visionarios... No hay, pues, realidad desnuda y, por consiguiente, intensidad emocional en estob poemas; se ve que el autor esta enamorado de la belleza artística y prefiere modelar el mármol antes que trabajar sobre miserable arcilla. Sin embargo, cuando quiere, como en "San Ignacio de Loyola", uno de los mejores poemas del libro, sabe- en rasgos concisos, firmes y altamente expresivos, revelarnos el carácter y bajar hasta la intimidad de un alma I, IX. D. 1 Un Pueblito y nn Poet». Versos por Ernesto Morales. Buenos Ai-' Emana de este breve tomo de versos un perfume de humildad y sencillez que conquista, sin mayor esfuerzo, el ánima del lector Exáltase aquí la vid» trasquila, lenta y familiar de nn pueblo tan^ pequeño que no tiene médico,'ni cura, y en dónde, acaso por esta

26 190 HTKUSOausencia, el autor advierte ques todos son buenos de alma y sanos de cnerpo. Por lógico contragomijw se deprime también la intensidad tal de las grandes urbes, las lineas fctas de sus avenidas, el tnmulto de sus millonarías colmena!!. Xo es Morales el primero qa»e en América canta estos temas; pero es, sin dada alguna, uno d»le los que los siente con más hondora r, por lo tanto, de los que lo os canta mejor, La sinceridad de sn senhmienaito se revela en el tono ingenuo y simple de sus estrofas, en la coniíoidanúa perfecta de la seníaeifia y la expresión, en la naturalida.íd y el realismo de las imágenes y de los pensamientos. "TJn alegre grupo de casas tfhlineas se amontonan frente a la estación, casi en los riele% cnal na montan de chicas qne se agrupan a ver pasar los trenes." "OCse la llnvis y, hacendosamente, Limpia la blanca faz de las casiiitas-". "Tí ella con so destino resignada Besponde: qns he de hiaaeer si Dios lo insuda!" Y aquí, ^ adentro de las casas, la vida se s toma miope: El hombre qne lee o dnerme La mujer que duerme o o cose''. Tres pecados veniales, porque ' Sin. poco numerosos, pueden, sin embargo, culpársele: no obstante J ni tacto y su finnra sentimental, su ingenuidad cae, a veces, en el o dominio de la simpleza; asimismo, a pesar de su habitual buen gasto, ss verso (como en la composición "El Jefe"), desciende en ocasionéis a. lo prosaico y barato; y, para concluir, ha.v en la obra on poco di abajo del diminutivo, un evidente exceso de mañanitas, pneblilnillos, qnedito, pajarillos, farolitos... Con todo, puede enorgullecerse Wiceste López, de albergar y haber sensibilizado con su morondangas a nn poeta de las cualidades de Ernesto Morales, a qoien débese colocársele entre los primeros líricos de la actual generación arge-snünj. J. M. D. a alma de la rosa. Por Gastón IV^gaeira. Montevideo fh"""" eampagties. Pw Gastón. Fígueiríi.. Montevidoo La pedagogía vclgar ka eneontrao.do siempre bondadoso y htunano el estimólo a los qne comienzan, > los qoe son jóvenra y traes un aliento y un ardor 7> r o sí hasta qxjné panto es plausible o execrable ese aplauso, sin tasa ni medidaja, que las gentes se creen coa derecho a prodigar. Sólo conoico. el D daso evidente qne los launa anticipados hacen a laa frente» qne a madrugan y a lo* corazones qne amanecen. De ahí entonces, que contrariando laui Toces unánimes, pero coa el pensamiento sereno, ramos y decir q"h«gastón PSgneira tiene tpmeritivar mucho m fronda lírica, podalarus etm frecuencia y regarla con esmero, para esperar recién qae atuvta las florea qne ahora corta y deshoja antea de tiempo. So juventud, yo étto qne no puede ter jnventnd tener quince «Sos, esta taau andada de sana* Kt«rariaa, que el sol no ha podido entrar aúíüíi ea «a boaqnedllo, y NOTAS BIBLIOGRÍFICAÉ 191 si sus rayos se quiebran y se pierden entre las ramazones más altas. De todas las reconvenciones que le haríamos en larpo comentario /que el espacio reduce, queremos señalar tan sólo la urgente y fundamental necesidad de revisar el idioma, cosa indispensable que Figueira tiene que hacer antes de publicar otro \olumcn, si quiere ir ascendiendo en el camino emprendido. El idioma castellano es muy rico en palabras, y no hay por qué recurrir a invenciones arbitrarias para expresar una idea o pintar un paisaje, por más complicados y sutiles que sean. Así, palidosa, diamanteaba, vallerino, marñleante, sombrajoso, aldeanares, zafirino, temor, ambarescente, odoroso, rubíceos, amatistino, opaleaba, vespe.riana, florir, ondulear' y cien más que el autor inventa con facilidad, perjudicando ostensiblemente sus ideaciones. Claro, que todo ello está de acuerdo con las tardes lilas y los - parques violetas y los ruiseñores azules que Pigueira utiliza en cada página; pero hay que convenir definitivamente que el decadentismo do 1809 ya no es tolerable en los jóvenes de T. M. / Poemas del hombre. POT Carios Sabat Breasty. Montevideo. 19S1., Que hay poesía en este libro de los '' Poemas del hombre'', e5 indudable. Poesía vigorosa y humana, poesía de la vida y de la naturaleza, púgil en la esperanza y en el brazo, llena de arrojo y de emoción, desnuda de "túnicas literarias, vibrante y tensa como el arco indígena o como el heráclida griego... Fuerte poesía de sosador acti\o, que tiene corazón y voluntad de hombre, para arrojarla en la cara del tiempo con. gesto arrogante y atlétko. Como Walt\Whitman, pudiera ser este poeta el poeta humano, que dice sólo o vi multitud, la palabra moderna. Sin embargo, lealtad y verdad obligamos a declarar concretamente que la poesía de este libro no está en los versos, que no existen por cierto, sino en el vnelo libro del pensamiento que se hunde como un ala en el cielo claro de la mañana, o cae como un rayo do sol sobre el verde peinado del jardín. Hay'acaso defectos y víciosj (quién de los humanos no los hat que comportan deméritos a la poética de Sabat Krcasty, -poro Una bella seguranza nos da sn misma obra: la certeza de que pronto va a llegar para el púgil enardecido la serenidad firme y recia, casi estatuaria, limpia como una sonrisa de diosa, que hará triunfar claramente su poesía de hombros tranquilos, de cuello pleno y de ancha frente placida..' T. ü Después, de Ayacucho. Enrique Bernardo Núñez. Caracas Annque según el autor advierte hidalgamente en el comienzo, ya le fue prohibido cultivar eate género de arte, reincide con tal entusiasmo, que allí mismo, y muy cerca, declara tener planeada! nueras novelas.

27 192 PEGASO Esto nos agrada, pues ya que el sebor Enrique Bernardo Uüfiez, en este libro que venimos de leer, no logró infundirnos la impresión de cuanto su ancho título sugiere, tal vez encontremos eso en los venideros hijos de su ingenio No logró mayor cosa, no sefior, en este libro; y buen chasco tuvimos cuando?, guiados por atrayentes y evocadores títulos de al gunos de sus cincuenta capítulos, buscamos con avidez, encontrándonos, no "muñecos de corazón", como parece ya le ha sido dicho al señor Núñez; no esos muñecos, sino sujetos totalmente contení poráneos, cuya psicología pacata no cuadra a elementos de epopeya Y no encontramos tampoco Is reconstrucción que de aquel vivir nos promete, pues el señor Núñez maneja sus bérives en escenario muy penosamente reconstruido, y la mezquindad resultante es imponderable. Leído todo el libro nos queda una impresión particularísima, la de que el prefacio vale más que el resto; pues allí sí el señor Núñez puso cosas sentidas, observaciones de su expenoncia, merecedoras del interés con que las anotamos. Y diremos mis, diremos que respetándolas, poniéndolas en práctica como cumple s todo varón sincero, nos librara de esta opresora angustia en -que nos deja, espe rando a que sus nuevos libros nos traigan cuánto el título del leído nos prometió. Pues nos cautivan los hombres de aquella época, y también sus cosas» " De las telas ya marchitas " soy el magnífico amante ' Modas- y colores viejos " (Quién luessros encantos abef. " XU 8. Estadios literarios. Por Jorge M. Bohde Buenos Aires Este libro, que llega a nuestro poder un poco tarde, ha obtenido uso de Tos premios municipales qne- acaban de otorgaran. Robde, quo ea su anterior obra hizo versos a la manera clásica, en est«volantón de alta critica, aparece igualmente influenciado de clasicismo. Se ve que gusta de leer a los autores españolea, desde Mepennitido qse cristalice su prosa, que fuera en EspaSa castiza, en períodos amplios y "redondos". Lis "Estudios literarios" de Rodhe no se distinguen por la excesiva originalidad: son más bien la obra de un estudioso. Pero revelan sentido critico y, por encima de todo, un gran temperamento literario. Es un libro de viejo joven o, aun mejor, de joven viejo. V. A. 0.